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1. Las buenas noticias de Dios son nuestro eje central
La Biblia es primordialmente un libro de amor. Es la historia de la rebelión del hombre y como es que el creador de este hombre lo amó tanto que no lo destruyó sino que lo rescató de sí mismo. Cuando Dios creó al hombre, lo creó con la necesidad de depender de Dios en todo. Pero el hombre se rebeló y no quiso vivir en esta dependencia de Dios. El hombre decidió inventar sus propias reglas las cuales reemplazaban a Dios por sí mismo. Empezó a crear religiones en donde él mismo era el centro. En la mayoría de estas religiones hombre-céntricas, la base es que el hombre tiene que comportarse bien para complacer a Dios; de otro modo, es rechazado. Estas religiones no dan libertad sino que esclavizan a la gente a un cierto tipo de comportamiento, sin que exista un cambio real de corazón. En síntesis, la motivación para obedecer es el temor.

Pero lo que Dios quiere para su pueblo es libertad. Gálatas 5:1 dice, «Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. (NVI)» Dios sabe que la única forma de alcanzar la libertad no proviene por medio forzar una obediencia externa, sino por medio de cambiar el corazón para que haya una obediencia de corazón – en fin, que la obediencia sea lo que el corazón quiere hacer – es decir, la obediencia por amor.

Para hacer esto, Dios sabía que ningún hombre iba a poder mostrar este tipo de amor. Y por causa de su naturaleza como Dios santo, la cual no puede convivir con el pecado, sabía también que no tenía más opción que castigar el pecado, condenando al hombre a muerte. Que dilema más angustioso. Un Dios que ama a sus criaturas tiene que castigarlos a muerte a causa de su rebelión. De alguna manera, Dios tenía que salvar al hombre de sí mismo. La única forma de poder salvar al hombre era que él mismo tuviera que sufrir el pecado en lugar del hombre. Es por esto que Jesús vino para dar su vida por el hombre. El hombre no podía hacerlo por sí mismo. Si el requisito es la perfección, entonces, ningún hombre puede morir por otro. Cada uno tiene que morir por sí mismo. Mas Jesús, siendo completamente Dios y completamente hombre, vino a la tierra, se humilló, naciendo como hombre, vivió una vida perfecta y luego se entregó para que lo mataran en una cruz, cumpliendo así con el castigo de Dios Padre.


Luego, al tercer día, él resucitó de entre los muertos, y es muy interesante que los discípulos, quienes habían estado con él por 3 años, viviendo con él, viéndolo en muchas situaciones, no entendieron quien era o la razón por la que había venido hasta que resucitó. El poder de la resurrección es el mismo poder que abre nuestros ojos a la verdad de quienes somos enfrentados a un Dios santo, y cual es nuestra necesidad: la de recibir el perdón que Jesús ofrece.

No hay amor más grande que este. Y para el que ha sido perdonado por Jesús, existe ahora un nuevo gran motivo para vivir la vida cristiana. El hombre que ha sido salvado de la muerte no tiene más que agradecimiento hacia la persona que lo salvó.

La razón por la que las buenas noticias son nuestro eje central es la siguiente: No es que tengamos que obedecer para que Dios nos acepte; Dios ya nos acepta por causa de Cristo, es por esto que obedecemos – no perfectamente, pero de todo corazón.